lunes, 12 de diciembre de 2011

Exposición en La Casa Roja de Garachico


 El pasado sábado día 10 se inauguró mi exposición Seres en La Casa Roja, Espacio cultural 55.


La muestra permanecerá abierta hasta el 14 de enero.
Horario de martes a viernes de 18:00 a 20:00.
Sábados de 11:00 a 13:00 y de 18:00 a 20:00
Domingos de 11:00 a 13:00 .































jueves, 8 de diciembre de 2011

Exposición en Garachico

El próximo sábado, día diez de diciembre a las seis de la tarde, tendrá lugar la inauguración de mi nueva exposición que lleva por título Seres. Permanecerá abierta hasta el catorce de enero.
Horario de martes a viernes: de 18 a 20 horas
Sábados: de 11 a 13 y de 18 a 20
Domingos: de 11 a 13.
Todos aquellos que estén en Tenerife en esas fechas y deseen asistir, quedan invitados.


Grietas en la indiferencia
 La indiferencia, a veces, actúa como un vasto desierto del que surge un espejismo que hace visibles nuestros deseos. Pero nos preguntamos  ¿es que acaso la vida misma no es un juego de espejos? En este movimiento especular, la obra no deja de ser un reflejo del artista, de su mundo interior, de su consciencia (o inconsciencia). Es a su vez un símbolo y como tal, según la definición jungiana, "una máquina transformadora de la energía". Así que ambos, obra y autor, se mueven dentro de un laberinto en cuyo centro tiene lugar la transformación, de manera que a la salida del mismo, la vida es otra y la obra también.
La mayoría de las piezas  que presentamos en la exposición de La Casa Roja, en la ciudad de Garachico, ha sido creada a lo largo del presente año. Se trata de una serie de dibujos a lápiz, así como de óleos sobre lienzo de pequeño formato. También podemos ver unas pocas piezas, entresacadas de la última década que entroncan con las actuales. Destacamos de entre ellas el díptico titulado Ser Primordial 1, por tratarse de uno de los primeros cuadros de mi trayectoria donde aparece una presencia remotamente humana: unos ojos rodeados de un aura multicolor.
Si alguien me preguntase “¿qué estás pintando ahora?”  tendría que responder con una simple expresión "seres que surgen"; no los prepienso, no planifico, no organizo, simplemente garabateo y dibujo; garabateo  y pinto; me entretengo descubriendo las apariciones pictóricas como el que observa las manchas del suelo o de las paredes, y una vez que se han materializado, cuando les doy forma con los lápices o con los pinceles, resulta que las reconozco; me son familiares, como si hubiesen convivido conmigo desde siempre. Extraño, ¿cómo se puede reconocer lo que no se ha conocido?
Los habitantes de mis cuadros presentan una coexistencia pacífica, a semejanza de la carta once del tarot, denominada  La Fuerza, en la que una mujer convive con un león en perfecta avenencia. Para el psicoanálisis los animales representan el mundo pulsional e instintivo mientras que las personas representan el Yo, así pues, la relación entre animales y humanos reproduce la que se da entre nuestro mundo instintivo y nuestro Yo. Pero esto es, como decíamos, una interpretación a posteriori. Mientras duró el proceso de pintar, los animales surgían como mascotas que ofrecen una amorosa compañía a otros seres que, a su vez, son amorosos. En un acto compensatorio, en el momento que vivimos, ellos vienen a decirnos que el mundo puede ser menos malo de lo que es.  Estamos con Ken Wilber cuando, aludiendo a la etapa existencial del proceso evolutivo, dice: "El hecho de que todas las perspectivas sean relativas no significa que unas no sean relativamente mejores que otras".
 Llegados a este punto me gustaría hablar del color. Pienso en él como en algo mágico que  me induce a sentir que el mundo es plural, a pesar de ser uno; el color  conduce a la complejidad, variedad, diferenciación; hace salir de la monotonía del desierto, del aburrimiento, de la indiferencia. El color, para mí, es un vestigio del Paraíso perdido donde no había divisiones pero sí diferencias, donde cada color era en sí mismo, sin necesidad de la luz para hacerse visible. Me relaciono con los colores de un modo infantil, me atraen los rojos, me apasionan; me gustan los dorados y plateados como a un niño le entusiasma jugar con el cofre de joyas de su madre.
¿Qué cabría decir de algo tan básico como es la composición? Como un cuerpo no se sostendría sin esqueleto, un cuadro no se consolida si no está estructurado. Procuro cuidar los elementos compositivos aunque esta preocupación me lleve, en ocasiones, a eliminar partes sustanciales del cuadro de las que me cuesta desprenderme dado que me parecen interesantes, pero que romperían la unidad compositiva. Podríamos volver a Jung para decir con él que "toda elección supone un sacrificio". Las maravillosas obras que pueblan la mente, las abundantes ideas que a uno se le ocurren, deberán ser abandonadas en ese mundo de ideas  y ocurrencias para dejar paso a lo real,  a "ese pequeño cuadro" en el que ni siquiera habíamos pensado pero que es, al final, el que se materializa; ese pequeño cuadro es el que elegimos pintar.
En mi ya dilatada vida en la que he experimentado desmesuras de amores y odios, propios y ajenos, estos seres han germinado en un territorio desconocido. Han nacido en ese desierto desolador que va ganando terreno a la vegetación salvaje cuando la civilización arrasa la individualidad y los sentimientos. Esos seres han aparecido como un espejismo y me reflejan a mí. Son mis hijos, son los hijos del desierto, avistados como espejismos y alumbrados en las grietas de la indiferencia.