lunes, 28 de mayo de 2018

La mancha

Primer Premio De Relatos Cortos Amull 2018
Autora: Mª Dolores Iñiguez Ibáñez
La mancha

Una vez, hace años, me presenté a un concurso y gané el primer premio. Hasta entonces mis padres habían hecho muchos sacrificios para costearme la carrera de Bellas Artes, el año de Erasmus en Amberes y el máster en Barcelona; ya no estaban dispuestos a seguir; tendría que encontrar trabajo o volver al pueblo, allí disponía de espacio y tranquilidad para crear, pero yo sentía que tal medida supondría un retroceso en el proyecto de vida que mi fantasía había forjado. Con el dinero del premio podría tirar un tiempo en la ciudad y ablandar a mis padres que, a la sazón, estaban muy contentos y orgullosos de que su hijo hubiese ganado la Bienal de Artes Plásticas.
Tenía amigos que a su vez tenían amigos que me presentaron a doña Regina, una señora que, también deslumbrada por el premio, estaba dispuesta a alquilarme un estudio grande, en pleno centro, con un par de habitaciones al fondo, baño y cocina, justo lo que necesitaba: espacio de trabajo y vivienda. Era como un sueño. Podría quedarme un año (lo que yo necesitaba), pero después tendría que dejarlo dado que la usuaria habitual, hija de doña Regina, regresaría, no se me dijo de dónde.  Para mí era un buen acuerdo que me permitiría elaborar la obra que iba a exponer al año siguiente en una de las principales galerías de la ciudad (la exposición también estaba incluida en el premio de la bienal).
El proyecto expositivo llevaba por título La casa inmaculada y consistía en una serie de piezas de papel desplegable, una especie de maquetas que representaban una metáfora del ser interior. El título venía dado por la idea de que todos, en el fondo, somos inocentes; por lo mismo, las maquetas serían todas blancas y estarían muy ocupadas por habitaciones, objetos, jardines y laberintos también blancos; la iluminación, que habría que estudiar con todo detalle, sería la encargada de darle variedad y movimiento a las piezas. Mi nuevo estudio se llenó de papeles blancos, mates, satinados, finos, gruesos, brillantes, nacarados, marfil; texturas diversas. Comencé el trabajo lleno de entusiasmo e inspiración lo que me llevó a avanzar mucho más de lo previsto; al cabo de veinte días ya tenía dos maquetas definitivamente terminadas. Las deposité en un hueco del estudio, una especie de habitación de tres paredes, donde también había almacenadas obras y cajas de la hija de doña Regina. Pero cuál no sería mi sorpresa al terminar la siguiente obra e ir a guardarla.
—¡No puede ser! —mis trabajos anteriores tenían cada uno una mancha azul. Miré al techo y estaba limpio, sin restos de agua ni humedad ni color; no había explicación al fenómeno, pero lo peor era que mi problema no tenía arreglo a pesar que me devané los sesos buscándolo; hubiera sido una chapuza cubrir las manchas de blanco, como esos escritos donde se camuflan con Tipp-Ex los errores; hasta se me ocurrió la idea de pintar las maquetas completas de azul, para ello repasé las cartas de colores de todos los fabricantes de pinturas conocidos, pero ninguna ofrecía ese azul que, además, parecía estar integrado en la materia, no se trataba de ningún pigmento; cambiaba con la luz, la orientación y la distancia desde la que se lo observaba.
Estaba tan extrañado, tan confuso, que decidí hacer varias pruebas a ver qué pasaba: lo primero fue cubrir las manchas con otros papeles blancos, a modo de alfombritas. Seguí haciendo mis maquetas y las deposité en el cuartito-depósito, así pude ser testigo de que las manchas iban creciendo con el tiempo, aunque estuviesen cubiertas. No obstante, continué con mi trabajo porque el suceso, a esas alturas, me estaba produciendo más fascinación que desánimo.

Un día se me ocurrió curiosear en las cajas y en los cuadros de mi predecesora lo que me llevó a un mayor desconcierto: todos los cuadros, todos los cuadernos y los objetos eran azules, del mismo azul…llegado a este punto decidí indagar en el fenómeno para lo cual me personé en el domicilio de doña Regina. La mujer, que residía en la planta alta de mi estudio, en una amplia vivienda lujosamente decorada, me recibió un poco asustada. Una vez en el salón, mis ojos quedaron pegados a un cuadro que colgaba en la pared principal, se trataba de un retrato que representaba a una joven de ojos azules, piel blanca, labios pintados de bermellón, con la pintura corrida, como si una mano la hubiese garabateado por el rostro; pero cuando vi el pelo, negro intenso, con un mechón azul en el lado izquierdo de la cabeza, me quedé mudo. Doña Regina, comprendiendo lo que me pasaba se apiadó de mí, me dijo que el cuadro que tanto me impresionaba era un autorretrato de su hija y me habló de ella. Treinta años atrás, un ocho de diciembre, doña Regina había dado a luz a una niña y, por la costumbre familiar de ponerles a los hijos el nombre del santo del día, la habían llamado Inmaculada; la niña había nacido con una mancha azul en el lado izquierdo de la cabeza. La abuela paterna exclamó al verla:
—Cuando se le quite esa mancha va a salirle ahí mucho pelo —, pero la otra abuela aseguró que no, que esa mancha no se le iba a quitar nunca, que viviría así invariablemente. Lo cierto fue que en esa parte de la cabeza la mancha permaneció idéntica…sin pelo.
Salí muy impresionado de esta entrevista. Me quedaba mucho por averiguar ¿Dónde estaba ahora Inmaculada? ¿Qué significaba el autorretrato? Los mismos amigos que me facilitaron el contacto para encontrar el estudio consiguieron que me reuniese con Clara, muy amiga de ella, que amplió mi perspectiva del asunto. Al parecer Inmaculada había tenido una relación amorosa que la había llevado al borde de la locura. El hombre, muchos años mayor que ella, había jugado con sus sentimientos; en una ocasión, en un ataque de simpleza, le había dicho a la joven, a esa mujer tan sensible, cultivada y llena de pureza:
—Todas las mujeres son iguales —ella, pasmada ante tamaña estupidez, le contestó con otra necedad.
—Todos los hombres son iguales —lo que provocó en él una reacción inesperada; pasó un dedo por los labios de ella y le dispersó la pintura por la cara que quedó llena de rayones bermellón.
—Esto no te lo ha hecho ningún hombre —declaró a continuación y se la quedó mirando para concluir exclamando:
—¡Ahora sí que estás bonita! —no era burla, él lo sentía de verdad, estaba mejor así, desarmada, manchada, sin máscaras; este hecho fue muy impactante para Inmaculada que no estaba preparada para estos juegos; ella, que había sido educada en las formas perfectas, que había pintado sus labios con una barra de Christian Dior de ese color tan buscado para realzar la blancura de su rostro, tan escogido como su ropa, su peinado, no pudo soportarlo. Durante los días que siguieron se fue dejando dominar por la melancolía y comenzó la expansión del azul en su vida, empezando por el mechón de pelo que brotó de la mancha de su cabeza.
—Ahora vive recluida en un centro privado, una residencia en el campo, inaugurada recientemente, pensada y diseñada como las antiguas clínicas de reposo. Gente con dinero, que sufre crisis nerviosas o de identidad, ingresa en ella, alejándose de familiares, amigos y conocidos durante un año, como en una especie de año sabático, allí cada cual recibe la atención que necesita –me informó Clara.
Me moría de ganas de visitar a Inmaculada, pero me resistí a hacerlo en aras de su salud, debía respetar el tratamiento. Ya tendría ocasión de conocerla más adelante.
Proseguí con mi trabajo con una humildad que nunca había conocido. Creo que mis maquetas fueron adquiriendo vida propia, como si una mano me guiase; cada vez eran más grandes y creo que más bellas, cada una con una mancha azul de diferente tamaño, por orden de antigüedad. Finalicé la obra y presenté la exposición en la fecha prevista, aunque hube de cambiarle el título, pasaría a denominarse La mancha.
Le mandé una carta invitándola a la inauguración, una larguísima misiva llena de emociones y confidencias; no me importaba el éxito, no me importaba la crítica, ni el dinero, lo que añoraba era conocer a esa mujer que había habitado mi espacio (en realidad era yo el que había habitado el suyo) y que me había transmitido su espíritu. Mientras el público hacía preguntas y mostraba admiración por mi ingenio, yo soñaba con verla llegar.
Llevamos veinte años juntos, Inmaculada y yo… desde aquel día…
Se presentó en la sala de exposiciones vestida de naranja, con un turbante que cubría su pelo, paso suave, como una pluma, mirada insondable, sonrisa traviesa, franca. Vino directa a mí, había sido un descanso para ella poder compartir su mancha con un extraño, saber que no estaba sola en aquel mundo sin sentido, presa del azul. En ese momento recordé un sueño que había tenido años atrás:
 “Me hallaba situado en la parte superior de un muro muy alto, yo era una especie medusa reptando para no caerme. El muro estaba en medio del campo y separaba dos espacios muy diferentes: el de este lado, de donde yo venía, era oscuro y conocido, anodino; el del otro, resplandeciente, intenso, limpio, nuevo... todo estaba lleno de enredaderas cuajadas de flores de todos los colores, sentía mucho miedo. Miré a lo lejos y vislumbré un cielo fosforescente que me hechizaba, llenándome de paz y esperanza. Dentro del propio sueño me dije a mí mismo:
—¡Tengo que llegar al azul!”.
Nada más ver a Inmaculada, aún antes de que hablásemos, supe que ya me encontraba al otro lado del muro.
Medusa. 1992
Óleo sobre lienzo. 146 X 114 cm.
Autora: Loli Iñiguez

lunes, 16 de octubre de 2017

Retratos de incertidumbre. Exposición




https://www.google.es/maps/place/Calle+Dr.+Fleming,+4,+38400+Puerto+de+la+Cruz,+Santa+Cruz+de+Tenerife/@28.4101109,-16.5668344,17.75z/data=!4m5!3m4!1s0xc6a7fc72271aee7:0xc27dc6f67054e7d4!8m2!3d28.4106028!4d-16.5657366
Del 13 de octubre al 4 de noviembre de 2017
Laborables 17:00-20:00. Sábados 10:00-20:00



Soy nadie. ¿tú quién eres?
¿eres tú también nadie?
Ya somos dos entonces. No lo digas:
Lo contarían, sabes.
Emily Dickinson

La incertidumbre nos crea ansiedad a los seres humanos, y tal vez por eso tratamos de cubrirla con una cuadrícula sobre la que construimos nuestra vida. Vamos rellenando casillas: de siete a ocho, desayuno; mes de agosto, vacaciones; lunes, miércoles y viernes, gimnasio. Sometemos al cuerpo y a la mente a una disciplina, unos horarios: hacemos cada cosa a su tiempo y así vamos y nos vamos construyendo…hasta que la malla se rompe y nos vemos precipitados en un agujero negro: ha sucedido lo que no pudimos prever, así que pasamos a encontrarnos de repente en un mar oscuro o flotando, al igual que Alicia, al otro lado del espejo. Hemos caído en la incertidumbre. Será precisamente de ese estado, de donde saldrán nuestras decisiones más originales, aquellas que no servirían a otros, y que nos van a constituir en seres individuales, dotados de vida propia. Lo de los horarios, las casillas y la cuadrícula es igual para todos, pero la nueva vida, nacida de la oscuridad, es propia, diferenciadora, única.
Estas palabras nos llevan a una breve reflexión acerca de los dibujos que presentamos en la Sala Fleming. Sin planificación, sin cuadrícula que recoja las ideas, con la sola intención de comenzar, provocamos una perturbación derramando tinta en papeles vírgenes; trazamos líneas sin sentido para romper la pulcritud del papel, pasamos así de un soporte inmaculado a otro escabroso y desordenado (como los niños a los que al nacer se les va garabateando con comentarios de adultos). En principio, el recién nacido, para devenir en ser humano, para cobrar entidad, necesita ser mirado por su madre, la cual actúa como un espejo que le ofrece una imagen de sí mismo. Igualmente, en el acto de dibujar, es mi propia mirada, al posarse en el papel, la que pasa a constituir el espejo de las manchas que llegan a mi retina…y más allá…me penetran, discurren por recovecos de la memoria y van encontrando eco; conectan con lugares, formas y recuerdos de los que yo no tenía conocimiento. La masa confusa va girando en la vasija interior hasta encontrar una imagen: “la imagen”; la mano pasa a obedecer a un instinto primordial y va definiendo a unos nuevos seres que aparecen en el papel, cobran forma y me miran; son ellos los que ahora me hablan, los que me dicen que no me pare, que en mi interior quedan muchos como ellos, y otros todavía inimaginables, que quieren emerger a la vida y que, al final, son los que van a acabar definiéndome.

Loli Iñiguez

Santa Cruz de Tenerife 22 de septiembre de 2017

2017 Técnica mixta sobre papel. 50 x 70 cm

2017 Técnica mixta sobre papel. 50 x 70 cm


2017 Técnica mixta sobre papel. 15 x 15 cm

2017 Técnica mixta sobre papel. 15 x 15 cm
2017 Técnica mixta sobre papel. 25 x 18 cm
2017 Técnica mixta sobre papel. 25 x 18 cm



martes, 30 de agosto de 2016

Exposición en La Recova

El próximo día 2 de septiembre inauguraré una exposición en el Centro de Arte La Recova de Santa Cruz de Tenerife.
Me encantará contar con tu presencia

lunes, 29 de abril de 2013

Ellos lo saben. Los cuadros. Por Loli Iñiguez

En la entrada anterior vimos algunas fotos de la inauguración de mi exposición. En esta los invito a ver algunos cuadros.
La exposición consta de veintisiete piezas de las cuales once son dibujos y dieciseis óleos, siete de los cuales han sido realizados en el 2013 y los restantes pudieron verse en la exposición de la Casa Roja de Garachico, titulada Seres.

Título: Ellos lo saben.
Óleo sobre lienzo. 33 X 55 cm.
Consejeras
Óleo sobre lienzo. 27 X 35 cm.
Indefinidos
Óleo sobre lienzo. 22 X 27 cm.
Emergentes
Óleo sobre lienzo. 54 X 65 cm.
Dos
Óleo sobre lienzo. 27 X 35 cm

Dos. Detalle
El beso.
Óleo sobre lienzo. 12 X 16 cm.
Emma
Óleo sobre lienzo. 27 X 22 cm.
Consonancia
Óleo sobre lienzo. 27 X 35 cm.
Grupo de la estola
Óleo sobre lienzo. 16 X 22 cm.
Hombre que sufre
Óleo sobre lienzo. 16 X 22 cm.
Ser con ser rojo
Óleo sobre lienzo.  10 X 20 cm
Ser con ser verde.
Óleo sobre lienzo. 10 X 20 cm.
Seres de dos caras
Óleo sobre lienzo. 16 X 22 cm.
Consejeras. Detalle

Ellos lo saben. Detalle

Ellos lo saben. Detalle

Seres de infancia.
Óleo sobre lienzo 54 X 64 cm.

Seres de infancia. Detalle

Seres de infancia. Detalle
Seres complementarios.
Óleo sobre lienzo. 61 X 50 cm.
A continuación incluyo una imagen donde pueden ver el proceso de ejecución de un cuadro. Primero hago una mancha de fondo; a continuación "descubro" una o varias figuras ocultas en dicha mancha y las voy configurando